Hamburguesas con gafas

Publicado: octubre 7, 2009 en gafas, hamburguesas, Lococo


Decía un ilustre pensador contemporáneo, que nuestra sociedad, más que aburguesarse, se ha hamburguesado. Y no le falta razón a tenor de la envergadura que va tomando las boteras siluetas que cual sombras chinescas dibujan los cuerpos rechonchos y redonditos, que a éste paso, de seguir así las cosas -al principio, éramos los adultos que al cambiarnos el metabolismos engordábamos, luego fueron los jóvenes que por sus malos hábitos bulímicos, corrían riesgo de aparentar padecer obesidad mórbida, luego se habló de los infantes de primaria y secundaria, que acumulaban grasas saturadas por la bollería y la televisión, e incluso ya los párvulos tienen sobre peso a tan corta edad…-algún día habremos de pensar en hacernos una cesárea colectiva para poder traer al mundo en todo su esplendor, bebés rollizos con una báscula bajo el brazo.

Las hamburguesas, como los refrescos, son la comida de los pobres, que no teniendo con qué alimentarse, prefieren saciar su hambre, aún a riesgo de envenenarse y contraer toda suerte de enfermedades, algo así a lo que en su día planteara el presidente de Etiopía ante la FAO, rogando a occidente que no arrojara a la incineradora los cientos de miles de vacas locas, pues a su pueblo, poco le importaba contraer la el síndrome espongiforme, si con ello mataba el hambre. Pero también es de suyo reconocer que las hamburguesas de MacBombas y BurroKing, están ricas y sabrosas como ninguna, independientemente de la calidad de la carne que toque en cada pieza. No en vano están aderezadas con colorantes, saborizantes, edulcorantes, aromatizantes, y cuantos –zantes, antes y durantes puedan imaginar. Pero como quiera que el paladar y olfato humano está naturalmente predispuesto a la detección del escatol que toda mierda comporta, pese a todo lo que se le echa para esconder el tufillo grasiento y maloliente, nauseabundo y pestilente, de éstos productos, en su auxilio y socorro se presentan bien cercanas, cuando no untadas y escondidas, toda clase de salsas y potingues para camuflar su sabor realizando así la función que antaño ejercieran las especias que poco se ha evolucionado en esto de la alimentación cuando uno es pobre y lo único que le diferencia de los despojados de siglos pasados, es la televisión para entretenerse y el coche para ir a trabajar.

Pues bien, no hace mucho, un buen amigo mío en su gesto habitual de abrir el panecillo de la hamburguesa para ver qué lleva dentro antes de enterrar el fiambre en una gruesa capa de ketchup y mostaza, como el que mira la taza del water antes de dar la descarga, comprobó que aquellos versos de Machado que decían El ojo no es ojo porque tú lo veas, sino porque él te ve, no era ocurrencia gratuita. En mitad de la hamburguesa había un ojo de vaca mirándole fijamente. Mi amigo, que me contaba esto que le había pasado hace meses, se mostraba asqueado y repugnado por aquella imagen. Yo para consolarle no se me ocurrió decirle otra cosa que aquel ojo era carne de vacuno, y que era una mera cuestión cultural qué parte de la vaca nos dan de comer. Pero lo que a mí me preocupó por simpatía, era saber si de ahora en adelante, estas cadenas de comida basura, nos traerán a las hamburguesas con gafas o lentillas. Yo prefiero, para curarme en salud, que me las traigan con gafas, que las lentillas no las veo, y me gusta ver lo que como.

Nicola Lococo
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